En nombre de la sinceridad se dicen muchas crueldades


 

sinceridad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me ocurre lo mismo que al protagonista de La terapeuta, Héctor Amat: cuando oigo decir a una persona que ella es muy sincera, me pongo a temblar. No por la sinceridad en sí misma, que celebro, sino por lo que suele acompañar a esa frase, que a menudo nos hiere. “En nombre de la sinceridad se dicen todo tipo de crueldades”, afirma Héctor Amat. Es el personaje de una novela, y no hace falta decir que un escritor no tiene que estar de acuerdo con sus personajes. Sin embargo, he intentado que éste y los demás personajes no sólo entretuviesen al lector, sino que le hiciesen pensar; es lo que busco yo, como lector también, en las novelas. El caso es que me pregunto, por lo que se refiere a la sinceridad, si hace falta llevarla hasta el extremo.

Si llevásemos la sinceridad hasta las últimas consecuencias, no le daríamos los buenos días a todo el mundo en el trabajo, porque quizá hay alguien que nos cae mal. Si llevásemos la sinceridad hasta las últimas consecuencias, no saludaríamos a todos los vecinos en el ascensor, ni intentaríamos ser agradables con todos los clientes ni saludados. Si llevásemos la sinceridad hasta las últimas consecuencias, tendríamos que decirlo todo. Eso es: decir todos los pensamientos que se nos cruzan por la mente cada día. Los pensamientos útiles, pero también los inútiles y destructivos. Son sólo eso, pensamientos. Pero tenemos 60.000 al día. ¿Por qué no los decimos en voz alta, siendo sinceros como somos?

Muchos no tienen razón. Algunos forman lo que el psicoanalista y filósofo Bert Hellinger llama «telarañas mentales». Uno puede engancharse en ellas y convertirse al cabo de un tiempo en su víctima. El mal surge, explica, cuando convertimos el producto de la mera imaginación, que son las telarañas mentales, en el punto de ubicación desde el cual nos arrogamos el derecho de juzgar y condenar a otros.

Sobre la sinceridad, dice Bert Hellinger: «Sincero es quien está a la altura de los otros. Ni por encima, ni por debajo de ellos. Los sinceros se tienen afecto mutuo, incluso cuando lo que se dice y se hace con sinceridad pueda ser doloroso y de graves consecuencias». Pero también añade: «Si alguien, al manifestar su sinceridad, niega el respeto, esa sinceridad no es más que apariencia. Por eso hay que estar alerta y mantener una actitud reservada ante esta clase de sinceros».

2 Comentarios

  1. Conozco a algunas personas, que practican su sinceridad y a continuación niegan el respeto, son odiosas e insoportables. Gracias

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