El instante eterno


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El instante eterno se encuentra en el presente. Raramente vivimos y experimentamos el momento presente. Nuestra atención va y viene, como un péndulo, del pasado al futuro.

C.S. Lewis escribió que el instante presente es el momento en que el tiempo humano está en contacto con la eternidad.

El antropólogo Josep Maria Fericgla me dijo un día: “La fuerza del presente es un bien disponible, pase lo que pase fuera de uno. Dirige tu atención al ahora y aquí, y aunque sólo lo consigas dos segundos ya es una experiencia sólida”.

Susan Blackmore, catedrática de Psicología de la Universidad de Bristol, cuenta cómo empezó a dirigir su atención a lo único que tenemos, el momento presente. De entrada, cuando se lo planteó como práctica, pensó que era “aterrador”. Significaba renunciar a muchas cosas; de hecho, prácticamente a todo. Significaba que no iba a pensar en el momento siguiente, que no iba a sumergirse en lo que acababa de hacer, no pensar en lo que podía haber dicho, ni imaginar una conversación que podía tener más tarde, ni esperar con impaciencia los fines de semana…

Practicó de forma intensa durante siete semanas. La mayor parte del proceso consistió en renunciar y dejar ir. Cuando su mente se deslizaba del mundo circundante a pensamientos sobre el pasado o el futuro, una vocecita de su interior decía: “Vuelve al momento presente” o “déjalo ir” o “déjalo estar”.

Descubrió que todos los interminables pensamientos acerca de lo que acababa de hacer y lo que se disponía a hacer no eran necesarios para vivir. Y hacían mucho más complicada la vida. “Me sorprendía haber malgastado tanta energía mental cuando se requiere tan poca”.

Y lo más importante fue descubrir que el momento presente siempre estaba bien. Esa liberadora idea llegó a ella gradualmente. Una y otra vez, advirtió que sus problemas estaban en los pensamientos, no en la situación inmediata.

“Podía aburrirme o ponerme nerviosa tratando de encajar con las otras madres en el jardín de infancia, pero el sonido de los niños jugando y la puerta del jardín estaban bien. Podía correr para subirme a un autobús preocupada por lo que sucedería, pero al correr, los pies y las escenas que se sucedían estaban bien”.

Lo que practicaba Blackmore era la meditación de la atención plena. La meditación que se puede practicar en cualquier momento del día, hagamos lo que hagamos: mientras escuchamos una conversación, mientras lavamos platos.

¿Cuándo se enseñará meditación en las escuelas? De entrada, mejoraría, y mucho, la capacidad de concentración de los más jóvenes. Tendría que ser asignatura obligatoria.

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