Conectar con la experiencia de estar vivo


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Hay una experiencia de estar vivo, y en esta experiencia es donde se encuentra el placer. No en la narrativa mental de lo que soy, o lo que tengo, o lo que tendría que hacer. No en la narrativa mental del sistema, con sus expectativas de futuro y falsa problematización de la realidad.

De todo ello hablamos el otro día con Andrés Martín Asuero, experto en mindfulness. Con él tuve el placer de conversar en la Fiesta de la Primavera del Foro de Recursos Humans de Foment del Treball, en el recinto modernista de Sant Pau. Fue una agradable tarde, presidida por Anna Bisart, durante la que hablamos de cómo aumentar la conciencia del momento presente en las organizaciones. Si traemos la atención al momento presente, si no especulamos demasiado con el futuro, no hay estrés ni ansiedad (la segunda causa de baja laboral en Catalunya y España). Una médico me dijo que a pesar de que tenía que visitar muchísimos pacientes al día, si no miraba la agenda, es decir, si atendía en cada momento a la persona que tenía delante, no se estresaba.

La clave está en reducir los procesos mentales. No hace falta rumiar tanto. La mente tendría que ser un instrumento a nuestro servicio; no al revés: no ser nosotros esclavos de ella. Se trata de aprender a estar en la experiencia. Lo que no quiere decir, necesariamente, vivir muchas experiencias. Se ha puesto de moda “regalar experiencias” (yo he sido el primero en regalarlas), pero en el fondo no se trata de vivir mucha cantidad de todo, como parece desear el sistema, sino limitarse a vivir, es decir, dejar que la vida se exprese tal cual es. Muchas experiencias, como dice Pablo d’Ors, desplazan e incluso anulan la verdadera vida, que es otra cosa, que está aquí, en nuestro fondo. “La verdadera vida está detrás de lo que llamamos vida”, afirma este escritor. “La cantidad de experiencias y su intensidad solo sirve para aturdirnos. No creo que el hombre esté hecho para la cantidad, sino para la calidad”.

La paz está aquí y ahora; también puede estar en el trabajo. ¿Cómo conectar con nuestro fondo, que es paz? Con la respiración. O con nuestro cuerpo. Por eso el otro día, en Sant Pau, doscientas personas terminamos dándonos masajes los unos a los otros, abrazándonos y bailando. Nuestros rostros se transformaron. Como dijo Mikah de Waart, que cerró el acto, ser feliz es una decisión.

 

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