No estamos determinados por los genes


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Una de las preguntas del millón: por qué  no se investiga más, mucho más, el llamado efecto placebo. Hay enfermos que se curan creyendo que están tomando un medicamento cuando en realidad están tomando sustancias sin ningún poder farmacológico, como agua o azúcar. A pesar de que en sus ensayos constatan el efecto placebo cada día –a veces en porcentajes muy altos– las compañías farmacéuticas no lo investigan. “Quizá no se nos ha dicho toda la verdad sobre el tema”, afirma el neurocientífico Joe Dispenza, con el que el martes pasado tuve el placer de conversar en la Casa del Libro de Barcelona, presentando su último libro El placebo eres tú (Urano).

Hace 5 años publiqué una novela, El silencio (El Aleph), en la que una mujer, Umiko, se quería curar de un cáncer con la mente. Más de uno y de dos críticos dijeron que la novela les había gustado pero añadieron que era inverosímil que alguien se quisiera curar con la mente (la novela estaba basada en hechos reales). Pues bien, el otro día le dije a Dispenza, mientras paseábamos por la Rambla de Catalunya: “si lo mío era inverosímil, lo tuyo es ciencia ficción”, y nos reímos un buen rato.

Dispenza tiene documentados centenares de casos que demuestran curaciones contra todo pronóstico. De bastantes de ellos habla en su libro. Enfermos que han sanado pensando diferente. Sintiendo diferente. Creando lo que él denomina “un nuevo estado del ser”.

En sus talleres mide estos cambios, junto a otros científicos: a veces se dan remisiones espontáneas en cuestión de segundos, y alguien, por ejemplo, deja de ir en silla de ruedas como por arte de magia.

“Los pensamientos modifican el cerebro y el cuerpo”, afirma el doctor Dispenza. Los pensamientos, acompañados de emociones elevadas, pueden activar nuevos genes. Basándose en los últimos descubrimientos de la epigenética, Dispenza dice que no estamos determinados por  nuestros genes, contrariamente a lo que nos han dicho.

“La mayoría de la gente –afirma– tiene la falsa idea de que nuestro destino genético está determinado y que si hemos heredado los genes que nos hacen vulnerables a determinados cánceres, cardiopatías, diabetes o cualquier otro trastorno no podemos hacer nada. Los medios de comunicación respaldan esta idea sugiriéndonos una y otra vez que determinados genes causan esta o aquella enfermedad. Nos han programado para creer que somos víctimas de nuestra biología”. Y nada más lejos de la realidad. Esta visión está obsoleta. Podemos activar nuevos genes, y curarnos, afirma, contundente, Dispenza.

Como escribe Ernest Rossi en La psicología de la expresión genética, “nuestros estados mentales subjetivos pueden modular la expresión genética para optimizar nuestra salud”. En lugar de ver los genes como tablillas de piedra en las que se ha esculpido nuestro destino, es mejor considerarlos como bibliotecas enormes llenas de posibilidades.

 

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