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Enric Corbera, un personaje de novela

Publicado por en 12:12 am a No soy de este mundo, Últimas entradas | 0 Comentarios

Enric Corbera, un personaje de novela

Fue en la primavera de 2013 cuando vi en YouTube a un tipo campechano diciendo que el mundo no existe. Que todo es un sueño. Mi primera reacción fue echarme a reír. Pues vaya, pensé, qué desilusión. Sin embargo, el mensaje de aquel hombre era profundamente espiritual, a pesar de que él no llevaba túnica, ni meditaba, ni hacía rituales. Aseguraba que no tenía ninguna organización detrás, ninguna secta, ninguna religión. Soltaba tacos, bebía Coca-Cola y decía que hablaba para las marujas. Era uno de los nuevos fenómenos de internet, personas anónimas que de repente se convierten en celebridades sin el empuje de los medios. Algunos de sus vídeos habían sido reproducidos más de un millón de veces. Se llamaba Enric Corbera, y había registrado un método de curación sobre el que peroraba en universidades de Latinoamérica. Su tono en absoluto era académico. Seguía diciendo que hablaba para las marujas, y aunque estuviese en un paraninfo universitario sostenía no solo que “todos somos uno”, sino el otro mensaje que a mí me seguía turbando: “todo es un sueño”. Lo afirmaba ante rectores y decanos universitarios sentados en primera fila. ¿Qué tenía aquel hombre?, me preguntaba. ¿Era un charlatán? ¿Un vendedor de crecepelo? ¿De dónde demonios sacaba que nada era real? Decidí emprender una investigación periodística, y descubrí que su mensaje ¾el del misterioso libro “Un curso de milagros”¾  guardaba relación con el budismo y el hinduismo, concretamente con el Vedanta Advaita. Leí mucho sobre el Advaita. Fui a los retiros de algunos de sus principales divulgadores. Medité. Decidí escribir un dietario. Y también decidí seguir a aquel catalán que estaba triunfando en Latinoamérica con el mensaje no-dual. Enric Corbera tenía mucho de personaje novelesco. ¿Cómo era alguien que vivía como si estuviese soñando? Alguien que vivía como si él, para empezar, no existiese. ¿Cómo se veía ante el espejo, cómo veía a los demás? En los vídeos se dirigía al público recordándole que no existía: estaban soñando y dentro del sueño le habían creado a él, encima del escenario, hablando. Me parecía surrealista, a tal extremo que estuve tentado de escribir una novela sobre él. Pero no hacía falta, no hay ficción más alucinante que la realidad. El tipo vivía en Rubí, a pocos kilómetros de Barcelona. Lo podía localizar, y asistir a sus charlas. Así lo hice. Y decidí escribir mis observaciones y perplejidades en el libro “No soy de este mundo” (Ediciones B).   Escribí con escepticismo. Escribí sin pretender convencer a nadie. Para empezar, sin querer convencerme a mí mismo: no hay nada que me dé mayor sensación de libertad que saber que las certezas no existen.  ...

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Política y felicidad en un centro de yoga

Publicado por en 8:11 pm a La Terapeuta, Últimas entradas | 0 Comentarios

Política y felicidad en un centro de yoga

  El otro día tuve el privilegio de inaugurar el nuevo centro de yoga Mandiram Urquinaona (http://www.yogaenmandiram.com/), una especie de templo blanco, cálido y acogedor, con un silencio limpio que ya no se encuentra en Barcelona. En el fondo, las grandes profesionales que lo dirigen me habían invitado para hablar de mi libro. Pero, como llevo meses hablando de La Terapeuta, cuando salí al escenario (es un decir, no había escenario; estábamos sentados en el suelo de madera), decidí no hablar de mi libro. El libro, dije, ya habla por sí solo. Aprovechando que unos futuros estudiantes de Políticas y Derecho me acababan de entrevistar para un trabajo y me habían informado de que antes habían entrevistado a los alcaldables de Barcelona y sólo uno de ellos les había dicho que apostaba por la felicidad de sus ciudadanos (los otros, ante preguntas sobre el tema de la felicidad, se habían quedado a cuadros), en el centro de yoga Mandiram, hablé de política y felicidad. Me pregunté retóricamente qué sentido tiene hacer política si no es para contribuir a la felicidad de los ciudadanos. Recordé la Felicidad Nacional Bruta de Bután. La miden a partir de 9 parámetros, y sólo uno de ellos es económico. Aquí sólo nos fijamos en lo económico, en el PIB. En Bután se basan en la premisa de que el verdadero desarrollo de la sociedad humana se encuentra en la complementación del desarrollo material y espiritual. El Gobierno británico también quiere medir el nivel de felicidad de sus ciudadanos. En Francia y Canadá hay iniciativas similares. Aquí, a nuestros políticos les suena a chino, y cuando se les pregunta se quedan a cuadros. Como si hablar de felicidad fuese cursi. Igual que lo era para la generación de mis padres hablar de lo emocional. El resultado es que en estos momentos la ansiedad, el estrés y la depresión son la segunda causa de baja laboral y que en España ya se consumen más psicofármacos que aspirinas. ¿Y qué va a hacer nuestra clase política para ponerle remedio? ¿Estimular el consumo? Venga, todos a comprar. Mi modesta propuesta: pasar de la sociedad del tener a la del ser. Se logra con autoconocimiento. Introduciendo yoga y asignaturas de inteligencia emocional en las escuelas. Si a nuestros hijos nadie les ha enseñado cómo gestionar, por ejemplo, la emoción del miedo, ¿cómo queremos que sean buenos emprendedores? ¿Con miedo? ¿Cómo queremos que hagan bien su trabajo, con miedo? Si nadie les enseña a gestionar la ira, la violencia verbal —que es una forma de violencia— seguirá campando a sus anchas. Por no hablar de la violencia física. En el fondo, plantearse lo de la felicidad es plantearse un nuevo modelo de sociedad, un nuevo software, del cual ningún político está...

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No estamos determinados por los genes

Publicado por en 5:12 pm a Últimas entradas | 0 Comentarios

No estamos determinados por los genes

  Una de las preguntas del millón: por qué  no se investiga más, mucho más, el llamado efecto placebo. Hay enfermos que se curan creyendo que están tomando un medicamento cuando en realidad están tomando sustancias sin ningún poder farmacológico, como agua o azúcar. A pesar de que en sus ensayos constatan el efecto placebo cada día –a veces en porcentajes muy altos– las compañías farmacéuticas no lo investigan. “Quizá no se nos ha dicho toda la verdad sobre el tema”, afirma el neurocientífico Joe Dispenza, con el que el martes pasado tuve el placer de conversar en la Casa del Libro de Barcelona, presentando su último libro El placebo eres tú (Urano). Hace 5 años publiqué una novela, El silencio (El Aleph), en la que una mujer, Umiko, se quería curar de un cáncer con la mente. Más de uno y de dos críticos dijeron que la novela les había gustado pero añadieron que era inverosímil que alguien se quisiera curar con la mente (la novela estaba basada en hechos reales). Pues bien, el otro día le dije a Dispenza, mientras paseábamos por la Rambla de Catalunya: “si lo mío era inverosímil, lo tuyo es ciencia ficción”, y nos reímos un buen rato. Dispenza tiene documentados centenares de casos que demuestran curaciones contra todo pronóstico. De bastantes de ellos habla en su libro. Enfermos que han sanado pensando diferente. Sintiendo diferente. Creando lo que él denomina “un nuevo estado del ser”. En sus talleres mide estos cambios, junto a otros científicos: a veces se dan remisiones espontáneas en cuestión de segundos, y alguien, por ejemplo, deja de ir en silla de ruedas como por arte de magia. “Los pensamientos modifican el cerebro y el cuerpo”, afirma el doctor Dispenza. Los pensamientos, acompañados de emociones elevadas, pueden activar nuevos genes. Basándose en los últimos descubrimientos de la epigenética, Dispenza dice que no estamos determinados por  nuestros genes, contrariamente a lo que nos han dicho. “La mayoría de la gente –afirma– tiene la falsa idea de que nuestro destino genético está determinado y que si hemos heredado los genes que nos hacen vulnerables a determinados cánceres, cardiopatías, diabetes o cualquier otro trastorno no podemos hacer nada. Los medios de comunicación respaldan esta idea sugiriéndonos una y otra vez que determinados genes causan esta o aquella enfermedad. Nos han programado para creer que somos víctimas de nuestra biología”. Y nada más lejos de la realidad. Esta visión está obsoleta. Podemos activar nuevos genes, y curarnos, afirma, contundente, Dispenza. Como escribe Ernest Rossi en La psicología de la expresión genética, “nuestros estados mentales subjetivos pueden modular la expresión genética para optimizar nuestra salud”. En lugar de ver los genes como tablillas de piedra en las que se ha esculpido nuestro destino, es mejor considerarlos como bibliotecas enormes llenas de posibilidades....

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Conectar con la experiencia de estar vivo

Publicado por en 9:51 pm a Consciencia, Últimas entradas | 0 Comentarios

Conectar con la experiencia de estar vivo

Hay una experiencia de estar vivo, y en esta experiencia es donde se encuentra el placer. No en la narrativa mental de lo que soy, o lo que tengo, o lo que tendría que hacer. No en la narrativa mental del sistema, con sus expectativas de futuro y falsa problematización de la realidad. De todo ello hablamos el otro día con Andrés Martín Asuero, experto en mindfulness. Con él tuve el placer de conversar en la Fiesta de la Primavera del Foro de Recursos Humans de Foment del Treball, en el recinto modernista de Sant Pau. Fue una agradable tarde, presidida por Anna Bisart, durante la que hablamos de cómo aumentar la conciencia del momento presente en las organizaciones. Si traemos la atención al momento presente, si no especulamos demasiado con el futuro, no hay estrés ni ansiedad (la segunda causa de baja laboral en Catalunya y España). Una médico me dijo que a pesar de que tenía que visitar muchísimos pacientes al día, si no miraba la agenda, es decir, si atendía en cada momento a la persona que tenía delante, no se estresaba. La clave está en reducir los procesos mentales. No hace falta rumiar tanto. La mente tendría que ser un instrumento a nuestro servicio; no al revés: no ser nosotros esclavos de ella. Se trata de aprender a estar en la experiencia. Lo que no quiere decir, necesariamente, vivir muchas experiencias. Se ha puesto de moda “regalar experiencias” (yo he sido el primero en regalarlas), pero en el fondo no se trata de vivir mucha cantidad de todo, como parece desear el sistema, sino limitarse a vivir, es decir, dejar que la vida se exprese tal cual es. Muchas experiencias, como dice Pablo d’Ors, desplazan e incluso anulan la verdadera vida, que es otra cosa, que está aquí, en nuestro fondo. “La verdadera vida está detrás de lo que llamamos vida”, afirma este escritor. “La cantidad de experiencias y su intensidad solo sirve para aturdirnos. No creo que el hombre esté hecho para la cantidad, sino para la calidad”. La paz está aquí y ahora; también puede estar en el trabajo. ¿Cómo conectar con nuestro fondo, que es paz? Con la respiración. O con nuestro cuerpo. Por eso el otro día, en Sant Pau, doscientas personas terminamos dándonos masajes los unos a los otros, abrazándonos y bailando. Nuestros rostros se transformaron. Como dijo Mikah de Waart, que cerró el acto, ser feliz es una decisión.  ...

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