Amistad entre hombres


La amistad entre hombresSe ha escrito poco sobre la amistad entre hombres. No lo digo yo, sino el premio Nobel de literatura J.M.Coetzee. En su correspondencia con Paul Auster (Anagrama y Mondadori en castellano, y Edicions 62 en catalán) Coetzee empieza preguntándose cómo surgen las amistades, y por qué duran -algunas-  tanto tiempo: “Más tiempo que los compromisos pasionales de los que a veces se considera (erróneamente) que son tibias imitaciones”.

“Parece que la amistad sigue siendo en cierto modo un enigma: sabemos que es importante, pero no tenemos nada claro por qué la gente traba amistad y la conserva”, escribe Coetzee.

La conclusión que más me llama la atención de su intercambio epistolar con Paul Auster: los amigos, o por lo menos las amistades masculinas, no hablan de lo que sienten entre ellos. Auster sostiene que los hombres no suelen hablar de sus sentimientos, y punto. Y que sin embargo la amistad entre hombres perdura, a menudo durante décadas, en esa ambigua zona del no saber.

Un ejemplo extraído de su vida: las conversaciones que ha mantenido durante los últimos 25 años con uno de sus mejores amigos, quizá el más cercano (“una de las personas más charlatanas que he conocido nunca”; “por el cual”, dice en otro momento Auster, “estaría dispuesto a partirme el pecho”); las conversaciones entre ellos, reconoce, son sin excepción insulsas y anodinas, enteramente triviales.

Otro escritor norteamericano, Philip Roth, seguro que diría lo mismo, pero llevándolo al terreno sexual. En su novela La mancha humana, su narrador, Nathan Zuckerman, viene a decir que la mayoría de los hombres tiene una amistad incompleta con otros hombres siempre y cuando no hablen de sexo. Pero cuando sucede, cuando hablan del tema sin miedo a ser juzgados, “se puede alcanzar una sintonía muy grande y un grado de intimidad infrecuente”.

Me pregunto: ¿Es la desconfianza, la que provoca que los hombres no hablen de según qué entre ellos? ¿El pudor? Toda una generación de hombres que no han querido hablar de sentimientos. Es decir, de lo que de verdad importa. ¿Pueden ser amigos dos hombres que no hablan, entre ellos, de lo que de verdad importa? Los hombres de la generación de Auster y Coetzee, se ve que sí.

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